Entonces esto es para ti: letras nacidas en la calle, en la noche, en la conversación y en ese silencio donde uno descubre que todavía tiene algo por sentir.
"La vida es un sueño que se sueña una vez."
Yo soy un escritor que ha sembrado sus letras en las calles del centro de Monterrey y otras ciudades durante más de 9 años.
No escribo desde una vitrina: escribo desde la banqueta, desde las voces que pasan, desde las miradas que se quedan un segundo más. Cada texto es una puerta pequeña. Quien la abre no solo lee una historia: se encuentra conmigo, con la ciudad, y quizá con una parte de sí mismo que estaba esperando ser nombrada.
Caminados de espaldas al descanso y de frente a la ciudad: calles, libretas, plazas y letras bajo la sombra del Cerro de la Silla.
Si algún escrito te llama, toca comprar. Se abrirá WhatsApp con el nombre del texto para que recibas los pasos de pago directamente conmigo.
Antes de tener un nombre, ya eras alguien. Este es un juego para volver a ser ese alguien, antes de que fueras quien eres.
Las constelaciones familiares nos recuerdan que no llegamos solos. La psicología nos enseña que podemos cambiar lo que pensamos. Tú tienes la llave de ambas puertas.
Respira. Lee despacio. No necesitas responder bien, sólo responder honestamente.
Una guía íntima para mirar tu historia, tus patrones y las puertas que puedes abrir dentro de ti.
“Habrá un tiempo donde falsos profetas venderán verdades y sentimientos para desviarnos de nosotros mismos.”
Hubo un hombre que supo la verdad antes que todos, pero no se la guardó, ni tampoco se elevó: vagó por el mundo predicando esa verdad que había aprendido.
Estaba ese hombre sentado a la orilla de un camino comiendo pan y vino. Mientras tanto, un grupo se fue formando alrededor; sabían que viajaba, que traía chisme.
Una historia sobre la conciencia, el reflejo y ese momento en que mirar hacia adentro empieza a cambiarlo todo.
Siempre tuvimos el pensamiento que comenzaba cuando sentíamos mariposas en el estómago por primera vez, y que terminaba cuando nos rompían el corazón y las mariposas se iban. Este cuento realmente comienza desde antes de nacer.
Mamá ya nos está amando desde antes de siquiera existir. Aún no formamos parte del mundo, y ya somos su mundo. Y si todo va bien, papá también nos espera con el corazón abierto, para darnos todo lo que lleva adentro. Aunque no siempre es así.
No todos los cuentos comienzan rodeados de cariño. Hay quienes llegan a este mundo sin brazos que los abracen, sin palabras que los nutran, sin alguien que los acompañe. A veces no faltó amor por falta de intención, sino por historias difíciles que venían de antes.
Una lectura para mirar de dónde aprendimos a amar, qué buscamos cuando amamos y qué parte de nosotros todavía necesita ser escuchada.
“El amor en tiempos de capitalismo”, y cada página era un acto de guerra contra la resignación. Vivía en un departamento diminuto de la colonia Roma, de esos que huelen a humedad, a café y cigarro.
Tenía treinta y tres años, una beca intermitente del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes que se acababa en dos meses, y una pila de rechazos editoriales que usaba como portavasos. Sus amigos le decían que era un romántico empedernido; él respondía que sólo era un hombre que todavía creía que las palabras podían cambiar algo.
Una tarde de noviembre recibió un correo inesperado. La fundación cultural más prestigiosa del país, esa que patrocinaban los grandes bancos y las familias dueñas de medio México, lo invitaba a leer un fragmento de su novela en su gala anual de beneficencia.
Una historia sobre amor, dinero, poder y esa pregunta incómoda: cuánto de lo que sentimos sigue siendo nuestro cuando todo alrededor intenta venderlo.
Desperté en una habitación sin puertas ni ventanas. Había una escalera que no llevaba a ninguna parte, cuatro paredes negras de cuatro metros por cuatro, y también había un hermoso candelabro plateado con cuatro velas alumbrando el espacio.
Desde que desperté intenté buscar la manera de salir de ahí. Pasé horas buscando, golpeé las paredes y las escaleras, quise moverlas, brinqué en todas partes, pegué mi oído en todos lados: era imposible salir de ahí.
¿Cómo entré? No entendía qué pasaba.
Un encierro extraño, una escalera inútil y una pregunta que empieza a devorarlo todo.